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Education

Una Universidad Busca Cambiar La Historia Al Incorporar A Padres De Alumnos De Primera Generación

Una familia de cinco en frente de su hogar, con su pastor alemán.
Lety Ojeda, aquí con su familia, ayuda a organizar las juntas de la Academia de Padres en la Universidad Estatal de California de Dominguez Hills.
(Alborz Kamalizad/LAist)
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Al recordar su proceso de ingreso universitario, a Yesenia Fernández le vino a la mente todo lo que tuvo que batallar con su mamá para que le prestara su tarjeta del seguro social, un requisito para pedir ayuda financiera. Sumado a lo anterior, Fernández también tuvo que vender pasteles en su vecindario para cubrir el costo de los exámenes estandarizados.

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Una Universidad Busca Cambiar La Historia Al Incorporar A Padres De Alumnos De Primera Generación

“Mi mamá no tenía dinero para eso”, dijo Fernández. “Además, no lo veía como una inversión”.

No es que su mamá no le diera apoyo, reflexionó Yesenia. La madre de Fernández solo pudo estudiar hasta el sexto grado y quería más para su hija. Cuando era niña, su madre dedicaba todos sus días libres a trabajar como voluntaria en su escuela. Con el tiempo, se convirtió en parte integral en las juntas de padres y otras funciones escolares.

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Aún así, tuvieron sus desacuerdos, pues ambas visualizaban un futuro diferente. Fernández hizo un doctorado en educación. A lo largo de su trayecto educativo, su madre no se perdió de ni una ceremonia de reconocimiento, graduaciones y a la defensa de su tesis. Se sentía orgullosa de su hija, pero también estaba perpleja. “¿Por qué sigues en la escuela?'', le solía preguntar.

Para Fernández, su madre siempre ha sido una fuente de inspiración; alguien que encarna la participación comunitaria en la educación. La madre de Fernández, quien trabajaba como auxiliar de enfermería en un centro de convalecencia, le hacía preguntas como: “Oye, dos señoras del trabajo andan batallando con sus hijos y andan preguntando sobre un mentado FAFSA. ¿Sabes qué es?”.

Su hija le daba la información. Tras esto, su madre – esa que no le soltaba la tarjeta del seguro social por protegerse contra el robo de identidad – llevaba la información al trabajo para compartirla con sus colegas.

Yesenia Fernández es actualmente profesora en la Universidad Estatal de California de Dominguez Hills, en donde trabaja para mejorar las experiencias de los alumnos de primera generación.

“Yo sobreviví'', dijo, “pero el trauma involucrado en hacerlo todo sola fue innecesario. Y nosotros lo podemos cambiar”.

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Con este objetivo, Yesenia se asoció con Jen Stacy, quien también es profesora en el Colegio de Educación. En abril fundaron la Academia de Liderazgo para Padres de Familia en la Universidad Estatal de California de Dominguez Hills, donde más de la mitad de los alumnos son, como ellas en su momento, estudiantes de primera generación.

Mensualmente, Fernández y Stacy se reúnen con padres de familia de la comunidad escolar por medio de Zoom. Hasta la fecha, sus pláticas han abarcado varios temas, como: ayuda financiera y oportunidades laborales, protocolos para prevenir el avance del COVID-19 en la universidad, cómo conseguir tarjetas de alimento para los alumnos y los beneficios de participar en actividades extracurriculares.

Las profesoras planean cada junta en coordinación con los padres, quienes dejan en claro los temas que les aquejan. Fernández y Stacy también invitan a sus colegas de la universidad a participar, para así poder contar con ponentes expertos en ciertos temas.

Mayra Soriano, quien dirige el programa de preparación académica Encounter to Excellence, se incorporó en octubre. En la junta, algunos padres le comentaron que estaban preocupados porque sus hijos pensaban especializarse en un área que no era de su agrado. Ella les sugirió que permitieran que sus hijos explorasen las posibilidades a su alcance antes de tomar una decisión. Previo a las vacaciones de invierno, varios líderes estudiantiles participaron en otra reunión en la que se brindó información sobre los grupos de apoyo a alumnos con base en género, raza u origen étnico.

Judy Marquez Kiyama, profesora en el Centro para el Estudio de Educación Superior en la Universidad de Arizona, investiga las estructuras sociales que configuran las oportunidades escolares de grupos con baja representación. Kiyama elogió a la Academia por ser liderada por padres de familia.

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Two women pose for a photograph inside an art-filled apartment. The woman on the left is blonde, and the one on the right is a brunette.
Jen Stacy y Yesenia Fernández, profesoras en el departamento de educación de la Universidad Estatal de California de Dominguez Hills.
(Julia Barajas/LAist)

“(La Academia) No está siendo definida por lo que las instituciones piensan que los padres quieren y necesitan, sino por lo que las familias han señalado como importante para ellas”, declaró.

Pláticas Bilingües

Quienes integran la academia de padres en la Universidad Estatal de California de Dominguez Hills tienen historias diversas. Hasta ahora, unos 50 se han apuntado. La mayoría son padres cuyos hijos podrían llegar a ser los primeros en la familia con título universitario, mientras que otros progenitores ya son egresados de la universidad. La mayoría de los padres se conectan desde ciudades aledañas, pero al menos una de las madres de familia se incorpora desde la costa este del país.

Las juntas tienen una hora de duración programada, pero suelen durar más. Esto se debe, en parte, a que son sesiones bilingües. Fernández y Stacy hablan español e inglés con fluidez e interpretan las conversaciones para que nadie quede fuera.

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“Hay gente que solo habla en inglés, otros que hablan totalmente en español; pero también hay un grupo que mezcla los idiomas. Todos son bienvenidos”, dijo Stacy.

Cuando Fernández trabajaba como administradora escolar en el sudeste de Los Ángeles, solía organizar convivios para atraer a los padres en los que cada persona llevaba un platillo para compartir con los demás. Estando ahí, se presentaba y les daba información que podría serles útil.

Acercarse a los padres de familia para fundar la academia fue más complicado de lo esperado a causa de la pandemia. Esto hizo que las reuniones se llevasen a cabo vía Zoom. Pero reunirse de esta forma no es del todo malo, según las profesoras. Utilizar esta herramienta tecnológica les ha permitido conectarse con padres que de otra forma no podrían participar, incluyendo a los que viven fuera del estado.

Conforme vaya creciendo y evolucionando el grupo, Fernández y Stacy animarán a los integrantes a tomar puestos de liderazgo en otras ramas de la universidad, en las que se vislumbra la posibilidad de dar discursos en las orientaciones para nuevas familias al inicio del año escolar. Los integrantes también serán los primeros en probar "Toro Families", un proyecto piloto que les dará la opción de recibir boletines informativos semanales, mensuales o cada dos semanas, según su preferencia. Su retroalimentación ayudará a diseñar un producto que sea útil para todos los padres con hijos en la universidad.

A woman smiles at the camera among some trees in what looks like a small residential yard.
“Como madre, siempre me he involucrado bastante ... Me gusta estar al tanto de lo que pasa", dice Lety Ojeda.
(Alborz Kamalizad/LAist)

Construyendo La 'Red De Comadres'

Para las profesoras es importante que la academia siga siendo un espacio “por y para los padres”, dijo Stacy. Tanto ella como su colega se alegran al ver que los padres comparten números de teléfono y organizan transporte compartido para llevar a los alumnos a la universidad. Debido a que la mayoría de los miembros son madres, las profesoras han denominado a estos esfuerzos “la Red de Comadres”, donde todas ven por el bien de las demás.

Lety Ojeda es una de estas "comadres". Ella ayuda a las profesoras a planear las reuniones y toma apuntes para compartir con una amiga que tiene dos hijos en la universidad, pero que no puede participar en las juntas.

Hace años, Ojeda fue alumna en la Universidad Estatal de California de Los Ángeles, en donde estudiaba para ser maestra de primaria. Pero se le hizo difícil mantener el estudio y trabajar a tiempo completo, así como ir y venir desde su casa al trabajo, para luego ir a la universidad. Con el corazón apesadumbrado, abandonó la universidad, sin titularse.

Hoy en día, Ojeda es madre de tres; dos de los cuales están cursando estudios universitarios en plena pandemia. Uno es alumno en la Universidad Estatal de California de Dominguez Hills y el otro estudia en la Universidad Estatal de California de Long Beach. Su objetivo es verlos triunfar.

“Como madre, siempre me he involucrado bastante”, dijo. “Me gusta estar al tanto de lo que pasa en la vida escolar de mis hijos, así que cuando vi lo de la academia, pensé: ‘Perfecto’”.

La Universidad Estatal de California de Long Beach ofrece varios recursos para alumnos de primera generación, entre ellos los programas TRiO and Migrant, que apoyan a los estudiantes a lo largo de la licenciatura. También les ayudan a prepararse para hacer una maestría o doctorado, con todo y visitas a universidades fuera de California. Para Rafael Topete, quien dirige estos esfuerzos, es importante que los alumnos vean que hay todo un mundo más allá de Long Beach.

El recinto, sin embargo, no tiene un equivalente a la academia para padres de Dominguez Hills.

“Si la tuvieran”, dijo Ojeada, “probablemente también me integraría”.

Según Topete, desde mucho antes de la pandemia, los cambios de personal y la falta de espacio obligaron a la universidad a reducir los servicios para los padres del alumnado, pero esto es algo que espera retomar.

“Un padre informado es un gran aliado”, agregó. Por ejemplo, si un estudiante está pasando por un mal momento, sus padres pueden estar más equipados para ayudarle a resolver el asunto antes de que empeore. En otras situaciones, los desacuerdos familiares pueden solucionarse haciéndole saber a los padres que sus hijos tendrán que estudiar muchísimo al llegar al nivel universitario.

“Soy muy partidario de involucrar a toda la familia”, dijo Topete, “porque toda la familia está pasando por el proceso”.

Two young boys stand in what looks like a backyard with a basketball hoop behind them. The boy on the left wears a yellow hoodie that reads "LBSU," and the one on the right wears a plain red hoodie.
Antonio (izquierda) y Danny Ojeda (derecha) están cursando sus estudios universitarios en plena pandemia.
(Alborz Kamalizad/LAist)

¿Por Qué Es Importante Darle Lugar A Los Padres De Universitarios De Primera Generación? 

Los padres de familia suelen alejarse de las escuelas cuando sus hijos entran a la universidad, limitándose a asistir a la orientación cuando ingresan y a la ceremonia de graduación cuando se titulan. Como sus hijos ya son adultos, se espera que ellos se encarguen de navegar en su vida académica por sí mismos.

Pero aunque los alumnos ya no requieren apoyo cotidiano, los hijos de padres que se han titulado cuentan con alguien que sabe cómo se manejan las cosas.

“Esto termina por reforzar la jerarquía entre las familias que ya han navegado por estos sistemas escolares y las que no”, dijo Kiyama de la Universidad de Arizona, agregando que esto también conlleva a diferentes oportunidades y logros. En 2018, el Centro Nacional de Estadísticas Escolares del Departamento de Educación señaló que los alumnos de primera generación tienen mayor probabilidad de abandonar la universidad que los hijos de padres que ya se han titulado.

“Si logramos mantener a las familias de primera generación vinculadas a las universidades, respetándolas y haciendo uso de sus aportaciones culturales, lo más probable es que veamos un aumento en la cantidad de egresados”, dijo Kiyama.

Para Stacy, involucrar a los padres de familia se trata de transformar a la misma universidad. “No es solo que el alumno tendrá mayor éxito, sino que la institución en sí cambiará para ser un espacio capaz de integrar a todos los miembros de nuestra comunidad”.

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